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Published on febrero 11th, 2012 | by El Pedal de Frodo

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A mi gran amor con piel de aluminio

SIEMPRE CON ESA SONRISA A PESAR
DE LAS CICATRICES QUE AUN MANTIENES

*Por Rafa Simón

 

Un año llevo ya sin ti. Y no puedo evitar que me venga a la cabeza el recuerdo de tu frío tacto de negro aluminio, la suavidad del relieve de tus letras blancas y tu manillar curvado. Aún recuerdo tu mirar asustado, tímido, expectante por el hecho de ser desenvuelta y entregada a tu nuevo dueño. Nueva vida, destino al azar de quien postuló por ti en una página de subastas belga sobre ciclismo.

Nunca supiste que te pusieron a la venta producto de una disputa conyugal. Un marido entregado más a la competición que a su mujer. Peleas continuas que desataron la frase fatal: “o ella o yo”. Pero ni ella ni tú. La disputa desembocó en un portazo de él y tú te quedaste arrinconada en casa de ella, una mujer abatida que te ofreció por una miseria en la web. Antes desprenderse de ti por unos míseros euros que recordarla un matrimonio que dejó de funcionar. Así fue como a la desesperada decidió anunciarte en aquella perrera virtual para bicicletas donde a un precio irrisorio se alejaba de ti, de sus recuerdos…

Y un 12 de junio yo te desenvolví en Bruselas. Eras mi regalo de cumpleaños. Tú estabas asustada, agazapada tras el papel charol de regalo que te cubría, aún cegada por la oscuridad del envoltorio. Pero yo te conocía ya. Te había visto muchas veces por Internet, pero nunca pensé que mi gran amigo, Iñigo Ezkerra, junto a María Eugenia y otro grupo de amigos te hubiesen adoptado para mí. Para que descansases de tanto grito y te adaptases a otra lengua, a otra persona con la que compartieses tantos ratos de ocio.

Recuerdo nuestros primeros momentos juntos. Nos fuimos conociendo poco a poco. Yo adaptándome a tu forma de rodar, a tu tacto, a tus miedos a ser útil de nuevo, a tu temor a escuchar nuevos gritos al llegar a casa, a tu incomprensión hacia alguien que te hablaba en otra lengua y que meses después te metería en una bolsa sin explicarte más para llevarte a su país. Y es que los dos dejamos juntos Bélgica tras muchos años allí. Recuerdos comunes con gusto agridulce.

Y juntos desembarcamos en Valladolid. Atrás dejaste la lluvia, el empedrado, la vegetación verde, el frío matinal de Dilbeek, los acelerones en Pepingen y las escaramuzas en Oudenaken para adaptarte, en tiempo record, al clima continental y arisco del frío de invierno y los secarrales amarillos del cálido verano de interior; de los bosques y llanuras verdes a los trigueros y vides castellanas. Nunca te pregunté si querías cambiar, sólo me seguiste.

No dejo de recordar cuando te quedaste sin resuello en un lluvioso día de noviembre en pleno muro flamenco. Nadie se apiadó de nosotros. Lo que sudamos para hacernos entender y que aquel ciclista se ofreciera a insuflarte ese aire que nunca he sabido darte. ¿Te acuerdas? No sabíamos ni volver a casa. ¿Y aquella caída en plena Bruselas? El agua no me dejó ver aquel raíl de tranvía. ¡Qué tortazo! Fuimos de lado a lado de la carretera, barriendo el suelo. Tú con el cambio doblado y yo con la cadera amoratada. Nunca me lo reprochaste. Siempre con esa sonrisa a pesar de las cicatrices que aun mantienes.

En Valladolid no te he tratado mucho mejor. Te he obligado a salir con bajas temperaturas, días lluviosos y sol abrasador. Y tú nunca te quejaste. Ni siquiera cuando te volví a romper los cambios en esa caída tan tonta en un páramo pucelano, ni cuando trituré tu rueda en las Landas francesas. Al contrario. Tú siempre tenías agua para mi. Allí estabas tú, acostada en el suelo, desconcertada, aturdida por el dolor mientras observabas como yo gesticulaba al aire y daba patadas en el suelo. ”¡Malditos franceses, qué carreteras tienen!”, me oíste gritar. Espero que los fantasmas de los gritos y enfados no tornaran a tu cabeza, nunca fue mi intención. Tan sólo expresé mi impotencia en viva voz. Tú nunca tuviste la culpa.

Y ya han pasado tres años: tres años de largas marchas cicloturistas sin sentido por España, desplazamientos agotadores, idas y venidas a un mecánico a que te hiciese daño en tus gastadas articulaciones… Nunca te oí protestar.

Y yo así te lo pago. ¿Qué pensarías aquel día, hace ya un año, cuándo entré por la puerta con otra, más joven, esbelta y maquillada? Pensarías que te había traicionado, que la nueva no me comprendería como lo has hecho tú… Y es cierto. La complicidad no se gana de la noche a la mañana, requiere tiempo, el que tú y yo hemos pasado juntos. Y yo así te lo pago. Apoyándote en el ostracismo de una pared en una oscura habitación. ¿Qué pensarás cuándo cada fin de semana suena el despertador y ves como ya no voy a despertarte y preguntarte qué tal has dormido, si necesitas algo o si simplemente estás preparada para salir a disfrutar de un paseo o una marcha? Mi ingratitud te condenará a esperarme eternamente, a desear que un día me acuerde ti y quiera estar un rato contigo y no con la otra, la delgadita, la estirada, la que no te habla y que te mira con la altivez de la que se sabe ahora preferida. Su carbono contra tu aluminio.

Pero quiero que sepas que no voy a permitir que vayas a otra casa. No quiero que te invada el miedo a la incertidumbre de una nueva vida, claro que no. Quiero que sepas que tan sólo quiero darte un merecido descanso. Y no, no haremos caso de aquellos que cuando te vean pregunten inmediatamente por la otra, la que te pretende suplir… Porque tú y yo siempre estaremos juntos. Al resguardo de otras como tú, sin dejarnos ver, sin ofrecernos a la inclemencia del viento. Tú y yo, escondidos, agazapados, susurrándonos recuerdos, sintiéndonos a través del suave y frío tacto de tu aluminio; material incomprendido por el cuál has sido relegada al rincón de esa oscura habitación…
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***Por RAFAEL SIMÓN, Club Universidad de Valladolid

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3 Responses to A mi gran amor con piel de aluminio

  1. Araque says:

    que grande eres Rafa! jaja

  2. mullin says:

    Muy buen relato Rafa toca la fibra, me has echo acordarme de las 2 maquinas que yo tambien aparque por una nueva de carbono. Sigue asi.

  3. Beloko says:

    Rafa, fenómeno, te superas día a día :-)

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